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Escrito poco después de la victoria sobre el nazismo, el autor se pregunta cómo es posible olvidarse de que la educación depende de la visión que tengamos sobre la dignidad sagrada del ser humano, no de los métodos más o menos innovadores y "críticos" de lectura o escritura.
James Mill, en el buen tiempo viejo, imaginaba que cuando todos supieran leer y escribir estaría asegurado para siempre el reinado de la Razón y la Democracia. ¡Pobre hombre! Abrir escuelas, "educar al soberano", etc. Pero, ¿para enseñar qué? Bastaría recordar que el pueblo más instruido del mundo fue el alemán. Es extraño que haya gente que siga creyendo en ese mito.
Ernesto Sábato, Hombres y engranajes, 1951
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